viernes, febrero 06, 2009
AMISTAD
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"Peregrino" Juan J. Pizarro
CADA INSTANTE

Viviendo cada instante con tu amor
y tu consuelo,
elevo las manos hacia el infinito
ofreciendo nuestras vidas
al amor del cielo.
"Peregrino" Juan J. Pizarro
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"Peregrino" Juan J. Pizarro
V

A partir de un verso de Jorge Carlos Sabanés,
poeta argentino
poeta argentino
Viento no me dejes
llévame en tus brazos
a ver a mi amada y ofrecerle
Y si tu suave brisa
lograra acercar los mundos
desconocidos para quienes
viajemos en oraciones y preces.
"Peregrino" Juan J. Pizarro
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"Peregrino" Juan J. Pizarro
FARO VALPARAÍSO.
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"Peregrino" Juan J. Pizarro
ELECCIÓN FUTURA.

Océano de mares profundos llévanos lejos
Racimos de viñedos extraviados hemos sido
Alejados de la luz
Carenciados de tierra y de fuegos
Inocentes por nuestra ignorancia en culpas y delirios
Oigamos el suave viento espiritual de los tiempos
No dejemos que nos esclavice el infierno.
"Peregrino" Juan José Pizarro
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"Peregrino" Juan J. Pizarro
viernes, enero 09, 2009
ITINERANCIA DE LOS POETAS.
"La República" en el paseo Rubén Darío en la década de 1980(Fotografía familia López Martínez)
Iván Tapia
Director Fundador del
Grupo Literario La Mano
El espíritu de la “Agrupación de Poetas Itinerantes” dice perfecta relación con el poeta que la inspira, el nicaragüense Rubén Darío. Alguien podría pensar que toma el nombre del bello paseo, aledaño a la costa de Valparaíso, y que por azar nacieron allí las reuniones literarias de los domingos estivales. Pero en la poesía, como en la vida, nada es casualidad. El mismo Darío fue un poeta itinerante e hizo su vida en puntos tan diversos como Chile, España, Argentina y Nicaragua, su patria.
Itinerante significa ambulante, en el sentido de uno que deambula o va de un lugar a otro, sin tener asiento fijo. El nombre dice mucho y todo sobre alguien y más aún si es una organización. ¿Ser “Itinerantes” es solo un nombre u obedece a algún principio filosófico o de vida?
Creemos que la itinerancia de estos escritores no obedece a una falta de estabilidad sino a una permanente “exploración”. Como el vagabundo es aquella persona que carece de un lugar permanente para residir y se ve obligada a vivir a la intemperie, estos poetas andan en búsqueda de un corazón o un alma donde pueda residir su poesía. Esperamos que el público y las autoridades permitan un lugar de residencia – lugar físico y espiritual- para los que dan todo por la palabra.
Tal vez nuestros “itinerantes” se asemejan más a los sadhu, vagabundos de la India, venerados y respetados por la población, como renunciantes de la vida mundana, y que deambulan por las ciudades o los bosques en busca de la liberación. Su itinerancia no está motivada por el dinero, el poder ni la fama sino por tres elementos que debo destacar:
1. Búsqueda de nuevos lenguajes.
2. Necesidad de anunciar o entregar a otros sus textos, florilegios, y canciones.
3. Afán de progresión y tránsito en el espacio, para habitar poéticamente la ciudad.
Los poetas itinerantes van de lugar en lugar, dando a conocer sus producciones literarias. La palabra poética debe ser escuchada y compartida al público, que a veces por desinterés u otras preocupaciones más concretas, no se acerca a la poesía. Entonces los poetas, decididamente irán a él para compartir con generosidad lo que la inspiración y la transpiración literaria ha forjado en sus mentes y trazado en el libro.
El poeta verdadero no es estático sino dinámico. La poesía, como la creación y todo lo que nos rodea, es movimiento. El ser humano en si mismo está en permanente cambio y dentro de él bulle la vida. Lo estático no existe, aún la estabilidad es un permanente movimiento por permanecer en equilibrio. No es la permanencia lo que da nacimiento a la poesía que leeremos hoy, sino la progresión y la trascendencia.
¿Qué poeta grande no ha sido viajero, itinerante, un misionero del verbo? Gabriela Mistral fue una trashumante: errante de su natal Montegrande, vagabunda en la memoria y los labios de cada niño del mundo, nómada de las letras. No existe un Pablo Neruda sedentario ni un Vicente Huidobro permanente. Quizás Fernando Pessoa, quien jamás salió de su patria, supo ausentarse de sí mismo y viajar, viajar, en sus múltiples heterónimos y de ese modo venció, acaso de un modo misterioso, la necesidad de itinerar.
Como el bíblico “id”, pareciera que un mandato superior impulsa a estos vates (palabra que se utiliza, curiosamente, tanto para poeta como para adivino) a trasladarse continuamente en el espacio físico y en de las ideas.
El traslado es propio de la Literatura, desde sus inicios. Ya lo encontramos en el mítico viaje de 20 años de Ulises, el héroe de La Odisea de Homero, un viaje de regreso a su Itaca natal, tierra de la cual era rey al momento de partir. Todos los poetas son Ulises en búsqueda de su patria de infancia, en peregrinaje a su Itaca ancestral, porque saben que en ese territorio son reyes absolutos del don principal que es la lengua.
Otro arquetipo de itinerancia son las andanzas del Quijote, el Caballero de la Triste Figura, en tierras manchegas junto a su fiel escudero. El viaje como motivo literario no es otra cosa que un reflejo del valiente peregrinaje de su autor por tierras moras.
Por nombrar un último antecedente, recordemos a los juglares, aquellos singulares y extravagantes artistas –mezcla de poetas, músicos y actores- de los días medievales. Eran aventureros sin aparente oficio, transmisores de cultura: difundían técnicas musicales y poéticas, noticias, acontecimientos sociales y vivencias personales en un mundo de gentes analfabetas e impregnadas de tradición oral.
¿Cuál será el itinerario de los actuales itinerantes? La palabra deriva del latín “itinerarius” de iter, itineris, camino, y significa algo perteneciente o relativo a vías o caminos. Más directamente es la descripción que se hace de un camino o vía de comunicación indicando los lugares por donde se ha de pasar. Un itinerante no tendrá más itinerario que aquél que su espíritu libre, quijotano y juglaresco, le dicte en el verso.
Los actuales itinerantes son de lengua y pensamientos diversos, no se puede clasificar su estilo, ni se les puede someter a juicio experto, sin riesgo de blasfemar. Como dice el Libro “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”, para esta itinerancia, agregamos, y no seremos nosotros quienes evaluemos el destino literario de estos trabajadores del idioma.
Como dijimos al principio de estas líneas, el autor de Azul, quien desembarcó en Valparaíso en 1886, signó el perfil del poeta itinerante en su célebre obra “El Canto Errante”
El canto errante
Rubén Darío
El cantor va por todo el mundo
sonriente o meditabundo.
El cantor va sobre la tierra
en blanca paz o en roja guerra.
Sobre el lomo del elefante
por la enorme India alucinante.
En palanquín y en seda fina
por el corazón de la China;
en automóvil en Lutecia;
en negra góndola en Venecia;
sobre las pampas y los llanos
en los potros americanos;
por el río va en la canoa,
o se le ve sobre la proa
de un steamer sobre el vasto mar,
o en un vagón de sleeping-car.
El dromedario del desierto,
barco vivo, le lleva a un puerto.
Sobre el raudo trineo trepa
en la blancura de la estepa.
O en el silencio de cristal
que ama la aurora boreal.
El cantor va a pie por los prados,
entre las siembras y ganados.
Y entra en su Londres en el tren,
y en asno a su Jerusalén.
Con estafetas y con malas,
va el cantor por la humanidad.
El canto vuela, con sus alas:
Armonía y Eternidad.
Itinerante significa ambulante, en el sentido de uno que deambula o va de un lugar a otro, sin tener asiento fijo. El nombre dice mucho y todo sobre alguien y más aún si es una organización. ¿Ser “Itinerantes” es solo un nombre u obedece a algún principio filosófico o de vida?
Creemos que la itinerancia de estos escritores no obedece a una falta de estabilidad sino a una permanente “exploración”. Como el vagabundo es aquella persona que carece de un lugar permanente para residir y se ve obligada a vivir a la intemperie, estos poetas andan en búsqueda de un corazón o un alma donde pueda residir su poesía. Esperamos que el público y las autoridades permitan un lugar de residencia – lugar físico y espiritual- para los que dan todo por la palabra.
Tal vez nuestros “itinerantes” se asemejan más a los sadhu, vagabundos de la India, venerados y respetados por la población, como renunciantes de la vida mundana, y que deambulan por las ciudades o los bosques en busca de la liberación. Su itinerancia no está motivada por el dinero, el poder ni la fama sino por tres elementos que debo destacar:
1. Búsqueda de nuevos lenguajes.
2. Necesidad de anunciar o entregar a otros sus textos, florilegios, y canciones.
3. Afán de progresión y tránsito en el espacio, para habitar poéticamente la ciudad.
Los poetas itinerantes van de lugar en lugar, dando a conocer sus producciones literarias. La palabra poética debe ser escuchada y compartida al público, que a veces por desinterés u otras preocupaciones más concretas, no se acerca a la poesía. Entonces los poetas, decididamente irán a él para compartir con generosidad lo que la inspiración y la transpiración literaria ha forjado en sus mentes y trazado en el libro.
El poeta verdadero no es estático sino dinámico. La poesía, como la creación y todo lo que nos rodea, es movimiento. El ser humano en si mismo está en permanente cambio y dentro de él bulle la vida. Lo estático no existe, aún la estabilidad es un permanente movimiento por permanecer en equilibrio. No es la permanencia lo que da nacimiento a la poesía que leeremos hoy, sino la progresión y la trascendencia.
¿Qué poeta grande no ha sido viajero, itinerante, un misionero del verbo? Gabriela Mistral fue una trashumante: errante de su natal Montegrande, vagabunda en la memoria y los labios de cada niño del mundo, nómada de las letras. No existe un Pablo Neruda sedentario ni un Vicente Huidobro permanente. Quizás Fernando Pessoa, quien jamás salió de su patria, supo ausentarse de sí mismo y viajar, viajar, en sus múltiples heterónimos y de ese modo venció, acaso de un modo misterioso, la necesidad de itinerar.
Como el bíblico “id”, pareciera que un mandato superior impulsa a estos vates (palabra que se utiliza, curiosamente, tanto para poeta como para adivino) a trasladarse continuamente en el espacio físico y en de las ideas.
El traslado es propio de la Literatura, desde sus inicios. Ya lo encontramos en el mítico viaje de 20 años de Ulises, el héroe de La Odisea de Homero, un viaje de regreso a su Itaca natal, tierra de la cual era rey al momento de partir. Todos los poetas son Ulises en búsqueda de su patria de infancia, en peregrinaje a su Itaca ancestral, porque saben que en ese territorio son reyes absolutos del don principal que es la lengua.
Otro arquetipo de itinerancia son las andanzas del Quijote, el Caballero de la Triste Figura, en tierras manchegas junto a su fiel escudero. El viaje como motivo literario no es otra cosa que un reflejo del valiente peregrinaje de su autor por tierras moras.
Por nombrar un último antecedente, recordemos a los juglares, aquellos singulares y extravagantes artistas –mezcla de poetas, músicos y actores- de los días medievales. Eran aventureros sin aparente oficio, transmisores de cultura: difundían técnicas musicales y poéticas, noticias, acontecimientos sociales y vivencias personales en un mundo de gentes analfabetas e impregnadas de tradición oral.
¿Cuál será el itinerario de los actuales itinerantes? La palabra deriva del latín “itinerarius” de iter, itineris, camino, y significa algo perteneciente o relativo a vías o caminos. Más directamente es la descripción que se hace de un camino o vía de comunicación indicando los lugares por donde se ha de pasar. Un itinerante no tendrá más itinerario que aquél que su espíritu libre, quijotano y juglaresco, le dicte en el verso.
Los actuales itinerantes son de lengua y pensamientos diversos, no se puede clasificar su estilo, ni se les puede someter a juicio experto, sin riesgo de blasfemar. Como dice el Libro “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”, para esta itinerancia, agregamos, y no seremos nosotros quienes evaluemos el destino literario de estos trabajadores del idioma.
Como dijimos al principio de estas líneas, el autor de Azul, quien desembarcó en Valparaíso en 1886, signó el perfil del poeta itinerante en su célebre obra “El Canto Errante”
El canto errante
Rubén Darío
El cantor va por todo el mundo
sonriente o meditabundo.
El cantor va sobre la tierra
en blanca paz o en roja guerra.
Sobre el lomo del elefante
por la enorme India alucinante.
En palanquín y en seda fina
por el corazón de la China;
en automóvil en Lutecia;
en negra góndola en Venecia;
sobre las pampas y los llanos
en los potros americanos;
por el río va en la canoa,
o se le ve sobre la proa
de un steamer sobre el vasto mar,
o en un vagón de sleeping-car.
El dromedario del desierto,
barco vivo, le lleva a un puerto.
Sobre el raudo trineo trepa
en la blancura de la estepa.
O en el silencio de cristal
que ama la aurora boreal.
El cantor va a pie por los prados,
entre las siembras y ganados.
Y entra en su Londres en el tren,
y en asno a su Jerusalén.
Con estafetas y con malas,
va el cantor por la humanidad.
El canto vuela, con sus alas:
Armonía y Eternidad.
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Crítica
sábado, noviembre 01, 2008
¡OH, DIOSES, SED PIADOSOS!

“La lengua es un acusador verídico entre
los hombres llenos de vana soberbia.”
Esquilo
los hombres llenos de vana soberbia.”
Esquilo
¡Oh, Zeus!, Dios de los Griegos
¡Oh, Jesús! Dios de los cristianos.
Dispensad mi afilada lengua
como la de víbora inclemente
cuya dureza tiene juicios pedregosos
y de ella
inflexibles pensamientos brotan.
¿Quién soy para acusar diferencias?
¿para calibrar errores nefastos?
¿para construir un mundo perfecto?
Sin embargo lo hago con fuego
con razones y con miedo.
Miedo de la vida, del castigo y de lo mío.
¡Oh, Dioses sed clementes!
Mis astillas que el viento no dañare
y mi estirpe cubierta con celo
protegiendo su luz al amparo
de mi leal y fiero destierro.
La soberbia, mal que corroe,
una enfermedad que domina.
¡Ahuyentad valientes guerreros!
Sacad de estos dominios mentales
aquellas costras
de la empedrada mente
pavimentada por mis formadores.
!Oh, Cristo! ¡Oh, Zeus!
Dioses de los siglos
dadme
aquella mirada de aliento
que ahora
más que nunca
siempre requiero.
¡Oh, Jesús! Dios de los cristianos.
Dispensad mi afilada lengua
como la de víbora inclemente
cuya dureza tiene juicios pedregosos
y de ella
inflexibles pensamientos brotan.
¿Quién soy para acusar diferencias?
¿para calibrar errores nefastos?
¿para construir un mundo perfecto?
Sin embargo lo hago con fuego
con razones y con miedo.
Miedo de la vida, del castigo y de lo mío.
¡Oh, Dioses sed clementes!
Mis astillas que el viento no dañare
y mi estirpe cubierta con celo
protegiendo su luz al amparo
de mi leal y fiero destierro.
La soberbia, mal que corroe,
una enfermedad que domina.
¡Ahuyentad valientes guerreros!
Sacad de estos dominios mentales
aquellas costras
de la empedrada mente
pavimentada por mis formadores.
!Oh, Cristo! ¡Oh, Zeus!
Dioses de los siglos
dadme
aquella mirada de aliento
que ahora
más que nunca
siempre requiero.
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Ascensión Reyes-Elgueta
miércoles, octubre 15, 2008
HAMBRE Y SED

Francisca Avaria
Escribo y escribo
Necesidad imperiosa que no me respeta
Es hambre y sed de escribir lo que tengo
Cansancios y energías
penas y tristezas
Todo cae rendido a los pies
de esta letro dependencia
A todo y al todo
al amor y al odio
A las alegrías
también a las penas
No puedo callarle al silencio
No puedo fallarle
al Edén de la palabra
A todo tengo que escribirle
El miedo a perderme
en la ceguera incomunicada
me obliga a elucubrar
que pasaría si mi boca
se secara de palabras
Entonces me consuelo
seguiría
sintiendo
Pueden romperse las palabras
puede enmudecer mi cerebro
Aún así
mi alma
seguiría escribiendo
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Francisca Avaria
martes, octubre 07, 2008
ELENA MONTANER EN PARÍS

Nadie más peligroso que Paris, dios griego, quien de todas las bellas de la Antigüedad prefirió a Venus Afrodita entregándole la manzana de oro. Menos confiable aún, si nos enteramos que en Esparta robó a la hermosa Elena, esposa de Melenao, y con ese rapto provocó la guerra de Troya. Paris lo hace otra vez. Ahora es la poeta Elena Montaner la que contempla a París, Ciudad Luz, arrobada y extática, en el tiempo más propicio para el arte de Polimnia, musa de la poesía lírica, con sus “pies hundidos entre hojas otoñales”
La poeta ve pasar ante sus ojos “los versos de Víctor Hugo” y en aquellos sitios donde “el tiempo inexorable tejió aromas de sangre” se dedica a escarbar y descubrir “la historia que permanece adherida en los muros de Francia”. Desde la torre de Eifel, en “oscilante mirada desde la altura / hacia las aguas oscuras de la historia”, es vigía de los tiempos y mira los siglos a través de su “cota de guerrera impávida” y rompe “las barreras del tiempo” en su “entramado de acero oscuro”
Se anima a ir más allá, cuando cruza la morada de los muertos y conversa con Marie Madelaine que “ha quedado sola en de profundis”. “Atisbando las miradas de tantos muertos / caídos en batallas interminables”, desfilan ante sus ojos los espíritus de María Antonieta, Carlo Magno, Napoleón, Víctor Hugo, Eifel, Juana Mártir…
Antes de París, la poeta era ciega pues no tenía las imágenes de luz que irradia la ciudad eterna. Ahora asegura “Mis cuencas vacías se llenaron de la Francia”; ahora es parte de esa multitud protagonista “atónita de tanta historia” pues han quedado sus manos “sobre huellas de otras manos”. La experiencia es inefable, cargada de emociones que sólo el Sena –agua primordial- “río de aguas sencillas”, puede explicar con sus voces “Cargadas de historias de sonidos de susurros”
La poeta ve pasar ante sus ojos “los versos de Víctor Hugo” y en aquellos sitios donde “el tiempo inexorable tejió aromas de sangre” se dedica a escarbar y descubrir “la historia que permanece adherida en los muros de Francia”. Desde la torre de Eifel, en “oscilante mirada desde la altura / hacia las aguas oscuras de la historia”, es vigía de los tiempos y mira los siglos a través de su “cota de guerrera impávida” y rompe “las barreras del tiempo” en su “entramado de acero oscuro”
Se anima a ir más allá, cuando cruza la morada de los muertos y conversa con Marie Madelaine que “ha quedado sola en de profundis”. “Atisbando las miradas de tantos muertos / caídos en batallas interminables”, desfilan ante sus ojos los espíritus de María Antonieta, Carlo Magno, Napoleón, Víctor Hugo, Eifel, Juana Mártir…
Antes de París, la poeta era ciega pues no tenía las imágenes de luz que irradia la ciudad eterna. Ahora asegura “Mis cuencas vacías se llenaron de la Francia”; ahora es parte de esa multitud protagonista “atónita de tanta historia” pues han quedado sus manos “sobre huellas de otras manos”. La experiencia es inefable, cargada de emociones que sólo el Sena –agua primordial- “río de aguas sencillas”, puede explicar con sus voces “Cargadas de historias de sonidos de susurros”
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Elena Montaner
DANILO SALINAS, EL POETA DE LAS TEATINAS.

“¿Dónde marchaste vida?” es la pregunta existencial y desgarradora de Salinas Alcayaga, poeta nostálgico de un pasado feliz, cuando el hombre disfrutaba la intimidad del hogar sin urgencias, en “la morada que vestía de gala/ en tiempos de luna”. Añora esas cumbres de la cultura helénica, aquél “reino místico del pensar”, ahora sepultado en el olvido y en lo profundo de los mares.
Tal vez su poesía sea una reconstrucción de ese reino perfecto. Él ha encontrado el hilo de oro que lo conduce a su reencuentro; descubre en las fragancias del bosque la esencia de ese pasado. Sólo en la vida silvestre haya su perdido reino; dos ciruelos le “narran la historia de un mundo que fue y no es”.
La vida es para Danilo, el poeta, “universo de grises y coloridos sueños”. En uno de sus textos, la caleta, otrora pujante planta ballenera, es “vientre esmeralda/ saca a relucir las escamas al sol”. Entre salvias, resinas, peumos, boldos, hierbas, retamos, espinos, manzanillas, plateros, mirlos, ruiseñores y zorzales; allí, en ese paraíso silvestre, está su santuario, su habitáculo poético, allí donde teme se irá “congelando la garganta de queltehues/ y se anuncia el suicidio de las palabras”
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Crítica,
Danilo Salinas
POESÍA DE DARÍO VALDEBENITO.
En el número 33 de La Mano el poeta Darío Valdebenito nos regala textos diversos en su contenido y tono. Los hay existenciales, de crítica social directa o velada, mágicos y otros cotidianos o de una gran ternura hacia la infancia.
En cuanto a la temática trascendente, destacamos ”La Gran Anfitriona” donde habla con desparpajo a la dama: “Muerte…/ he aprendido a conocerte un poco/…eres…/ llena de nostalgias oscuras y trágicas.” Pareciera que la aborda crítico, pero en verdad Darío respeta y admira la justicia y democracia de la Muerte. Si en la vida de esta sociedad sólo encontramos “un Paraíso convertido en jungla”, nos espera más allá una “gran Anfitriona”.
La vida en esta tierra suele ser muy falsa y traicionera; el dinero, la belleza y el poder son el oscuro “Triunvirato moderno” que gobierna nuestros tiempos, mas él nos anuncia: “Todo reinado tiene un principio y también un final”. La Poesía permite al hombre la espera paciente de la liberación final. Nos asegura en “Cuando los perros ya no me ladren”: “quisiera escribir aquello que no rima…/ para no llegar tarde/ a la cita con la muerte”
En “Ángeles Principiantes” intenta -¡y lo logra!- una explicación fantástica de la génesis de Valparaíso, este “puerto loco”. Dice que es un juego de ciertas criaturas celestes que lo quisieron construir “¡por eso que este Puerto no es uniforme ni ordenado!”, argumenta. Valparaíso es el “preámbulo inconcluso de un naufragio”. Llama la atención la presencia de los ángeles en el texto de Valdebenito. Algunos se han escapado de sus moradas cual sombra y transitan brevemente, como el vecinito Matías que guardaba un tesoro en sus manitas: “el último beso que su madre querida/ le entregó con cariño y con todo su amor.”
La vida transcurre “A medias todavía” y la tarea y determinación del escritor es “… buscar el día prometido en la tierra no prometida / y sigamos haciendo poesía” Quizás la solución sea volverse niño y jugar, jugar a ser infante “marchando por la calle / desfilando marcialmente en línea recta /sin importarles el ronquido de los grillos /y tampoco la angustia de los dioses”, jugar a ser poeta, que es tal vez jugar a ser un ángel principiante.
En cuanto a la temática trascendente, destacamos ”La Gran Anfitriona” donde habla con desparpajo a la dama: “Muerte…/ he aprendido a conocerte un poco/…eres…/ llena de nostalgias oscuras y trágicas.” Pareciera que la aborda crítico, pero en verdad Darío respeta y admira la justicia y democracia de la Muerte. Si en la vida de esta sociedad sólo encontramos “un Paraíso convertido en jungla”, nos espera más allá una “gran Anfitriona”.
La vida en esta tierra suele ser muy falsa y traicionera; el dinero, la belleza y el poder son el oscuro “Triunvirato moderno” que gobierna nuestros tiempos, mas él nos anuncia: “Todo reinado tiene un principio y también un final”. La Poesía permite al hombre la espera paciente de la liberación final. Nos asegura en “Cuando los perros ya no me ladren”: “quisiera escribir aquello que no rima…/ para no llegar tarde/ a la cita con la muerte”
En “Ángeles Principiantes” intenta -¡y lo logra!- una explicación fantástica de la génesis de Valparaíso, este “puerto loco”. Dice que es un juego de ciertas criaturas celestes que lo quisieron construir “¡por eso que este Puerto no es uniforme ni ordenado!”, argumenta. Valparaíso es el “preámbulo inconcluso de un naufragio”. Llama la atención la presencia de los ángeles en el texto de Valdebenito. Algunos se han escapado de sus moradas cual sombra y transitan brevemente, como el vecinito Matías que guardaba un tesoro en sus manitas: “el último beso que su madre querida/ le entregó con cariño y con todo su amor.”
La vida transcurre “A medias todavía” y la tarea y determinación del escritor es “… buscar el día prometido en la tierra no prometida / y sigamos haciendo poesía” Quizás la solución sea volverse niño y jugar, jugar a ser infante “marchando por la calle / desfilando marcialmente en línea recta /sin importarles el ronquido de los grillos /y tampoco la angustia de los dioses”, jugar a ser poeta, que es tal vez jugar a ser un ángel principiante.
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Darío Valdebenito
EL MÉTODO DE VICENTE SARDES
Los antiguos alquimistas buscaban un remedio que curaría todas las enfermedades del hombre. Al misterioso medicamento lo llamaron “panacea”. El poeta Vicente Sardes lo ha encontrado, y es una mezcla de mujer y poesía, de dolor y esperanza, de soledad compartida con soledad indiferente. Mientras el planeta “agónico se desparrama/… / en el vergel del cemento” él está convencido que vendrá “un futuro mejor”. “Con la metodología de la panacea” nos impulsa a amar la vida: “Despierto, silente / refriego, observo/ y me encandilo / estoy vivo”
La Mujer es ese “ser de magia infinita”, “la estructura / más bella que el holocausto / pudiera terminar”, una “Necesidad o bien común” para todo ser humano, sobre todo varón. Sus poemas son verdaderos orgasmos de palabras, como en “Desvarío”. El hombre necesita, ama y admira a aquella que, aún siendo niña “seductora inconsciente, / encantadora, que ignoras / castamente los efectos / de tus vivos encantos” es capaz de conmoverle intensamente con sus “Pezones que erectan todo mi ser” (“Niña mujer”)
Estos textos transcurren en Valparaíso, ciudad que define como una “Soledad compartida”. Dice que “la soledad es un cautiverio”, “la indiferencia absoluta / de tolerancia y comprensión”, cuando la vida “atormentada de espacios / limitados y desquebrajados” se vuelve una “Soledad indiferente”. Pero Sardes ha trascendido al dolor de la existencia, pues descubrió un elixir irresistible.
En estos versos encontramos la perfecta definición de su lenguaje: “descripción extrema / de acontecimientos y situaciones / orgánicas, abstractas, ineludibles / al son de la campana / y el ruido atormentador”
La Mujer es ese “ser de magia infinita”, “la estructura / más bella que el holocausto / pudiera terminar”, una “Necesidad o bien común” para todo ser humano, sobre todo varón. Sus poemas son verdaderos orgasmos de palabras, como en “Desvarío”. El hombre necesita, ama y admira a aquella que, aún siendo niña “seductora inconsciente, / encantadora, que ignoras / castamente los efectos / de tus vivos encantos” es capaz de conmoverle intensamente con sus “Pezones que erectan todo mi ser” (“Niña mujer”)
Estos textos transcurren en Valparaíso, ciudad que define como una “Soledad compartida”. Dice que “la soledad es un cautiverio”, “la indiferencia absoluta / de tolerancia y comprensión”, cuando la vida “atormentada de espacios / limitados y desquebrajados” se vuelve una “Soledad indiferente”. Pero Sardes ha trascendido al dolor de la existencia, pues descubrió un elixir irresistible.
En estos versos encontramos la perfecta definición de su lenguaje: “descripción extrema / de acontecimientos y situaciones / orgánicas, abstractas, ineludibles / al son de la campana / y el ruido atormentador”
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Vicente Sardes
domingo, septiembre 21, 2008
SOLEDAD COMPARTIDA
Vicente SardesCiudad que encanta, Valparaíso
Solo pero fuerte
ante la adversidad,
importante los seres
que dejaron la ciudad,
con ese legado tan particular.
Sólido y consistente
con nuestro peregrinar,
grandes las calles
que nos ven transitar,
preciosos los jardines con vista al mar.
Me entretengo
me sumerjo
de arriba abajo
de costa a cerro
recorro mi puerto,
disfrutando lo que nos brinda
la madre tierra
variedad, color y sabor.
Mercado Cardonal
en el barrio Almendral
movimiento constante
de gente tan diversa
engrandeciendo nuestra ciudad.
Continúo prosigo,
escudriñando el anfiteatro
y la costanera
que dramatiza su agonía.
En el laberinto del tiempo
sin perder nunca la magia de encantar
de generar un espacio
en nuestra comunidad.
ante la adversidad,
importante los seres
que dejaron la ciudad,
con ese legado tan particular.
Sólido y consistente
con nuestro peregrinar,
grandes las calles
que nos ven transitar,
preciosos los jardines con vista al mar.
Me entretengo
me sumerjo
de arriba abajo
de costa a cerro
recorro mi puerto,
disfrutando lo que nos brinda
la madre tierra
variedad, color y sabor.
Mercado Cardonal
en el barrio Almendral
movimiento constante
de gente tan diversa
engrandeciendo nuestra ciudad.
Continúo prosigo,
escudriñando el anfiteatro
y la costanera
que dramatiza su agonía.
En el laberinto del tiempo
sin perder nunca la magia de encantar
de generar un espacio
en nuestra comunidad.
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Vicente Sardes
martes, septiembre 02, 2008
NO TEMAS, DÉJATE CAER.

"Es duro un pueblo que ha escapado de un desastre"
Esquilo
Cuando se toca fondo
y el desastre unta el pan
de desesperanza
aparece la luz
y el suelo acoge al ser
envuelto en lágrimas
para hacerlo renacer
de sus cenizas
hasta tocar el sol
de un nuevo amanecer
Flor Díaz
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Flor Díaz
SOLO A VECES

“Es provechoso parecer insensato cuando uno es cuerdo"
Esquilo, creador de la Tragedia Griega.
Esquilo, creador de la Tragedia Griega.
A veces parecer lo que no soy
No siempre ser lo que parezco
Tal vez mañana sea
lo que hoy quiero parecer
Me canso del orden de mis genes
creer a veces que me llamo desorden
Tanto pienso que de pronto
me despienso
entonces al menos un instante solo siento
En tiempos tristes verme como alegre
En el camino del amar doloroso
parecer que no amo
Dejar de ser tan transparente
y así no me descifren al instante
En fin si no descubren como soy
será más fácil protegerme
de hieles ataviadas de mieles.
Tal vez mañana sea
lo que hoy quiero parecer
Me canso del orden de mis genes
creer a veces que me llamo desorden
Tanto pienso que de pronto
me despienso
entonces al menos un instante solo siento
En tiempos tristes verme como alegre
En el camino del amar doloroso
parecer que no amo
Dejar de ser tan transparente
y así no me descifren al instante
En fin si no descubren como soy
será más fácil protegerme
de hieles ataviadas de mieles.
Francisca Avaria M.
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Francisca Avaria
LAS PALABRAS

"Las palabras son médicos de la enfermedad de la cólera"
Esquilo
Las palabras ruedan
ruedan y se cruzan
como sonámbulos en cólera,
sin medicamentos homeopáticos
o químicos
Las palabras cantan
en los versos del poeta
Caminan en la prosa en línea recta o curvilínea
Todas ellas son las estrellas del cosmos poético
y son cometas de los sueños
traducidos en un cuento
Las palabras sobran, el murmullo queda
y el silencio... desnuda el alma
Darío Valdebenito
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Darío Valdebenito
martes, marzo 04, 2008
HOMENAJE A LA MUJER
Poema colectivo escrito por: Doris Iturrieta, Danilo Salinas Alcayaga, Vicente Sardes, Flor Díaz, Darío Valdebenito e Iván Tapia.
I
Eres estrellita hermosa
de mi jardín en flor
Inundas todo el campo
y el cabello de mi amor
II
Se han ido las voces de los poetas
embriagados por aroma de jazmín
Han quedado suspendidos
acompañando al viento
Sus voces se filtran por las ventanas alicaídas
Ya no gime el niño
que lloraba por su pan
pues respiró la esperanza perfumada
de sus cantos
con los ojos húmedos
Ellos desplegaron vuelos
hacia nuevos horizontes
en busca de la fragancia hecha palabra
III
Eres aroma perturbador
abrazas mi cuerpo
sin decir adiós
Yo limpio mis heridas
sujeto al yugo
de la soledad perdida
hasta encontrar la luz
del nacimiento
de la persona aludida
IV
Aroma dulce y fresco
que en el aire me acunas
soñando con la luna
de los campos en flor
y como ruiseñor
planeas por la mesa
derribando tristezas
con tu olor de colores
abres los corazones
para hacerlos sentir
V
Tú princesa de los jardines
y de los corazones perfumados
yaces elocuente
en vistoso traje de vidrio
pincelando el aire
con ebrio aroma de fragancias
Tus flores blancas
son estrellas permanentes
Con brazos delicados y amorosos
mezclas el éxtasis del amor.
Es tu mirada
la blancura de las almas
representando la inocencia
llana e inmaculada
y el ver de tus ojos
la misma alma de tu dulce cintura
VI
Explosión de estrellas albas
caricia del aroma de esta sala
fuente nocturnal de mis anhelos
rocío temprano de las horas quietas
verde racimo de la mesa hogareña
generosa vertiente de la vida
Eso eres tú mujer
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Poemas Colectivos
jueves, enero 24, 2008
CANGREJO HUMANO
Poema colectivo inspirado en imagen creada por Daniel Tapia.
Autores: Darío Valdebenito,
Vicente Sardes e Iván Tapia;
escrito el 30 de agosto de 2007.
Vicente Sardes e Iván Tapia;
escrito el 30 de agosto de 2007.
I
El cráneo loco de ira
por su desalojo del cuerpo
de sus huesos y vértebras,
se sintió desposeído y huérfano
del mundo de los ausentes.
El cráneo loco de ira
por su desalojo del cuerpo
de sus huesos y vértebras,
se sintió desposeído y huérfano
del mundo de los ausentes.
Una lujuria impredecible
entre los muertos del obituario del día
sin saber que los gusanos
eran los artesanos de las tenazas
para suplantar los huesos de las manos
de las calaveras enmohecidas por el tiempo,
y donde el conjuro sería siempre el mismo:
"Abra cadabra, tenazas de cabra,
el cráneo sesgado,
era malo, de fábrica"
II
Espolón en la cabeza
Muerte macabra y profunda
Cangrejo devorando
mi cuerpo y mi alma
El cuerpo devora
toda esperanza
Mi espíritu divaga
hasta encontrar
la paz eterna.
III
¿Dónde está la vida?
¿en ese cráneo violaceo,
casi desangrado
o en el hiperkinético cangrejo
que ha hecho de ella
su morada?
entre los muertos del obituario del día
sin saber que los gusanos
eran los artesanos de las tenazas
para suplantar los huesos de las manos
de las calaveras enmohecidas por el tiempo,
y donde el conjuro sería siempre el mismo:
"Abra cadabra, tenazas de cabra,
el cráneo sesgado,
era malo, de fábrica"
II
Espolón en la cabeza
Muerte macabra y profunda
Cangrejo devorando
mi cuerpo y mi alma
El cuerpo devora
toda esperanza
Mi espíritu divaga
hasta encontrar
la paz eterna.
III
¿Dónde está la vida?
¿en ese cráneo violaceo,
casi desangrado
o en el hiperkinético cangrejo
que ha hecho de ella
su morada?
Las cuencas sanguinolentas
Los filudos dedos
que rascan la corteza
de esta ciudad metálica
No hay olfato
la cabeza brilla
esfera acerada
Punzante el ojo inexistente
La policía viene a buscarle
¿Por qué un cangrejo
me escogió como escena del crimen?
Se alimenta de mis redes neuronales
absorve el extraño habitante
mis sueños
y hace quijotadas en los bares
y otros nocturnos letrocinios
Quisiera padecer de la hipotiposis
cervantezca
y habitar todos estos mundos
sin necesidad de libar sangre
ni devorar crustáceos
ni moluscos marinos
aliñados con palabras venenosas.
martes, enero 15, 2008
AÍDA BURR GUAJARDO

Textos publicado en el Almanaque 18;
Farmo Química del Pacífico S.A.;
edición N°73, año 1992,
en la página 152,
firmado por JDL.
"El 7 de julio de 1991 falleció en Valparaíso, víctima de un trágico accidente del tránsito, la antigua educadora señorita Aída Burr Guajardo.
Era muy estimada por sus colegas y por quienes la conocieron . ejercía su apostolado con fe, humildad y modestia, cualidades que supo inculcar a sus alumnos. Gozaba de una merecida jubilación y descanso, mas, a los 80 años el destino tronchó su vida.
Era ella una entusiasta admiradora de nuestro Almanaque que divulgaba con gran entusiasmo, siendo a la vez una inspirada escritora y poetisa. Varios de sus poemas tuvieron cabida en nuestras páginas. Como un recuerdo, insertamos en esta edición su poema Anhelos, publicado en 1985.
La recordamos con sincero afecto, deseándole un eterno descanso en paz."
ANHELOS
Anhelo, ser flor de aroma delicado,
servir con mi néctar, deleitar las almas,
me dejaría coger por manos generosas
que adornasen el hogar, los altares.
Anhelo ser cisne, jugar con los niños,
hundiendo mi cabeza entre las ondas
comería las migajas que arrojasen a las aguas
y al emerger, riesen todos como en rondas.
Anhelo ser nube blanca, como la nieve,
trenzar un Haz de Amor desde la altura
para unir a los hombres de la Tierra
y lograr que, algún día, la Paz reine.
¡Qué se cumplan mis anhelos
de ser cisne, flor y nube
para acallar la inquietud
que me acompaña siempre!
EL PATO AZUL

Darío Valdebenito
Hoy colorée un Pato azul
porque nunca he visto un pato azul
¡Y que me importa que los demás patos
sean de otros colores!
si lo importante para mí es lo que yo
deseo ver, o tener.
Ver un Pato azul le da tranquilidad a mi
alma,
es ver clarear un nuevo amanecer
es el remanso del silencio en el eco
fenecido.
Mi Pato azul es tierno y cariñoso
callado y astuto como un espejo que nada
nos reprocha cuando nos miramos en él,
pero nos deja entrever nuestras debilidades
o temores.
El Pato azul mío también sabe de
gastos y de política, además le encanta el deporte.
Ama la naturaleza, la música y le gusta cantar,
pero canta, horrorosamente mal.
No le gusta ser figurín ni farándulero de la
televisión o de diarios y revistas,
menos salir inflando el pecho en un Silabario.
Siempre le ha gustado ser azul, como la inmensidad
del mar o el infinito cielo y por eso, por ser azul...
es que yo, tanto lo quiero.
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