miércoles, octubre 15, 2008

HAMBRE Y SED



Francisca Avaria

Escribo y escribo
Necesidad imperiosa que no me respeta
Es hambre y sed de escribir lo que tengo
Cansancios y energías
penas y tristezas
Todo cae rendido a los pies
de esta letro dependencia

A todo y al todo
al amor y al odio
A las alegrías
también a las penas

No puedo callarle al silencio
No puedo fallarle
al Edén de la palabra
A todo tengo que escribirle

El miedo a perderme
en la ceguera incomunicada
me obliga a elucubrar
que pasaría si mi boca
se secara de palabras

Entonces me consuelo
seguiría
sintiendo

Pueden romperse las palabras
puede enmudecer mi cerebro
Aún así
mi alma
seguiría escribiendo

martes, octubre 07, 2008

ELENA MONTANER EN PARÍS


Nadie más peligroso que Paris, dios griego, quien de todas las bellas de la Antigüedad prefirió a Venus Afrodita entregándole la manzana de oro. Menos confiable aún, si nos enteramos que en Esparta robó a la hermosa Elena, esposa de Melenao, y con ese rapto provocó la guerra de Troya. Paris lo hace otra vez. Ahora es la poeta Elena Montaner la que contempla a París, Ciudad Luz, arrobada y extática, en el tiempo más propicio para el arte de Polimnia, musa de la poesía lírica, con sus “pies hundidos entre hojas otoñales”

La poeta ve pasar ante sus ojos “los versos de Víctor Hugo” y en aquellos sitios donde “el tiempo inexorable tejió aromas de sangre” se dedica a escarbar y descubrir “la historia que permanece adherida en los muros de Francia”. Desde la torre de Eifel, en “oscilante mirada desde la altura / hacia las aguas oscuras de la historia”, es vigía de los tiempos y mira los siglos a través de su “cota de guerrera impávida” y rompe “las barreras del tiempo” en su “entramado de acero oscuro”

Se anima a ir más allá, cuando cruza la morada de los muertos y conversa con Marie Madelaine que “ha quedado sola en de profundis”. “Atisbando las miradas de tantos muertos / caídos en batallas interminables”, desfilan ante sus ojos los espíritus de María Antonieta, Carlo Magno, Napoleón, Víctor Hugo, Eifel, Juana Mártir…

Antes de París, la poeta era ciega pues no tenía las imágenes de luz que irradia la ciudad eterna. Ahora asegura “Mis cuencas vacías se llenaron de la Francia”; ahora es parte de esa multitud protagonista “atónita de tanta historia” pues han quedado sus manos “sobre huellas de otras manos”. La experiencia es inefable, cargada de emociones que sólo el Sena –agua primordial- “río de aguas sencillas”, puede explicar con sus voces “Cargadas de historias de sonidos de susurros”

DANILO SALINAS, EL POETA DE LAS TEATINAS.


“¿Dónde marchaste vida?” es la pregunta existencial y desgarradora de Salinas Alcayaga, poeta nostálgico de un pasado feliz, cuando el hombre disfrutaba la intimidad del hogar sin urgencias, en “la morada que vestía de gala/ en tiempos de luna”. Añora esas cumbres de la cultura helénica, aquél “reino místico del pensar”, ahora sepultado en el olvido y en lo profundo de los mares.

Tal vez su poesía sea una reconstrucción de ese reino perfecto. Él ha encontrado el hilo de oro que lo conduce a su reencuentro; descubre en las fragancias del bosque la esencia de ese pasado. Sólo en la vida silvestre haya su perdido reino; dos ciruelos le “narran la historia de un mundo que fue y no es”.

La vida es para Danilo, el poeta, “universo de grises y coloridos sueños”. En uno de sus textos, la caleta, otrora pujante planta ballenera, es “vientre esmeralda/ saca a relucir las escamas al sol”. Entre salvias, resinas, peumos, boldos, hierbas, retamos, espinos, manzanillas, plateros, mirlos, ruiseñores y zorzales; allí, en ese paraíso silvestre, está su santuario, su habitáculo poético, allí donde teme se irá “congelando la garganta de queltehues/ y se anuncia el suicidio de las palabras”

POESÍA DE DARÍO VALDEBENITO.

En el número 33 de La Mano el poeta Darío Valdebenito nos regala textos diversos en su contenido y tono. Los hay existenciales, de crítica social directa o velada, mágicos y otros cotidianos o de una gran ternura hacia la infancia.

En cuanto a la temática trascendente, destacamos ”La Gran Anfitriona” donde habla con desparpajo a la dama: “Muerte…/ he aprendido a conocerte un poco/…eres…/ llena de nostalgias oscuras y trágicas.” Pareciera que la aborda crítico, pero en verdad Darío respeta y admira la justicia y democracia de la Muerte. Si en la vida de esta sociedad sólo encontramos “un Paraíso convertido en jungla”, nos espera más allá una “gran Anfitriona”.

La vida en esta tierra suele ser muy falsa y traicionera; el dinero, la belleza y el poder son el oscuro “Triunvirato moderno” que gobierna nuestros tiempos, mas él nos anuncia: “Todo reinado tiene un principio y también un final”. La Poesía permite al hombre la espera paciente de la liberación final. Nos asegura en “Cuando los perros ya no me ladren”: “quisiera escribir aquello que no rima…/ para no llegar tarde/ a la cita con la muerte”

En “Ángeles Principiantes” intenta -¡y lo logra!- una explicación fantástica de la génesis de Valparaíso, este “puerto loco”. Dice que es un juego de ciertas criaturas celestes que lo quisieron construir “¡por eso que este Puerto no es uniforme ni ordenado!”, argumenta. Valparaíso es el “preámbulo inconcluso de un naufragio”. Llama la atención la presencia de los ángeles en el texto de Valdebenito. Algunos se han escapado de sus moradas cual sombra y transitan brevemente, como el vecinito Matías que guardaba un tesoro en sus manitas: “el último beso que su madre querida/ le entregó con cariño y con todo su amor.”

La vida transcurre “A medias todavía” y la tarea y determinación del escritor es “… buscar el día prometido en la tierra no prometida / y sigamos haciendo poesía” Quizás la solución sea volverse niño y jugar, jugar a ser infante “marchando por la calle / desfilando marcialmente en línea recta /sin importarles el ronquido de los grillos /y tampoco la angustia de los dioses”, jugar a ser poeta, que es tal vez jugar a ser un ángel principiante.

EL MÉTODO DE VICENTE SARDES

Los antiguos alquimistas buscaban un remedio que curaría todas las enfermedades del hombre. Al misterioso medicamento lo llamaron “panacea”. El poeta Vicente Sardes lo ha encontrado, y es una mezcla de mujer y poesía, de dolor y esperanza, de soledad compartida con soledad indiferente. Mientras el planeta “agónico se desparrama/… / en el vergel del cemento” él está convencido que vendrá “un futuro mejor”. “Con la metodología de la panacea” nos impulsa a amar la vida: “Despierto, silente / refriego, observo/ y me encandilo / estoy vivo”

La Mujer es ese “ser de magia infinita”, “la estructura / más bella que el holocausto / pudiera terminar”, una “Necesidad o bien común” para todo ser humano, sobre todo varón. Sus poemas son verdaderos orgasmos de palabras, como en “Desvarío”. El hombre necesita, ama y admira a aquella que, aún siendo niña “seductora inconsciente, / encantadora, que ignoras / castamente los efectos / de tus vivos encantos” es capaz de conmoverle intensamente con sus “Pezones que erectan todo mi ser” (“Niña mujer”)

Estos textos transcurren en Valparaíso, ciudad que define como una “Soledad compartida”. Dice que “la soledad es un cautiverio”, “la indiferencia absoluta / de tolerancia y comprensión”, cuando la vida “atormentada de espacios / limitados y desquebrajados” se vuelve una “Soledad indiferente”. Pero Sardes ha trascendido al dolor de la existencia, pues descubrió un elixir irresistible.

En estos versos encontramos la perfecta definición de su lenguaje: “descripción extrema / de acontecimientos y situaciones / orgánicas, abstractas, ineludibles / al son de la campana / y el ruido atormentador”

domingo, septiembre 21, 2008

SOLEDAD COMPARTIDA

Vicente Sardes

Ciudad que encanta, Valparaíso

Solo pero fuerte
ante la adversidad,
importante los seres
que dejaron la ciudad,
con ese legado tan particular.

Sólido y consistente
con nuestro peregrinar,
grandes las calles
que nos ven transitar,
preciosos los jardines con vista al mar.

Me entretengo
me sumerjo
de arriba abajo
de costa a cerro
recorro mi puerto,
disfrutando lo que nos brinda
la madre tierra
variedad, color y sabor.

Mercado Cardonal
en el barrio Almendral
movimiento constante
de gente tan diversa
engrandeciendo nuestra ciudad.

Continúo prosigo,
escudriñando el anfiteatro
y la costanera
que dramatiza su agonía.
En el laberinto del tiempo
sin perder nunca la magia de encantar
de generar un espacio
en nuestra comunidad.

martes, septiembre 02, 2008

NO TEMAS, DÉJATE CAER.


"Es duro un pueblo que ha escapado de un desastre"
Esquilo



Cuando se toca fondo
y el desastre unta el pan
de desesperanza
aparece la luz
y el suelo acoge al ser
envuelto en lágrimas
para hacerlo renacer
de sus cenizas
hasta tocar el sol
de un nuevo amanecer

Flor Díaz

SOLO A VECES


“Es provechoso parecer insensato cuando uno es cuerdo"
Esquilo, creador de la Tragedia Griega.


A veces parecer lo que no soy
No siempre ser lo que parezco
Tal vez mañana sea
lo que hoy quiero parecer
Me canso del orden de mis genes
creer a veces que me llamo desorden
Tanto pienso que de pronto
me despienso
entonces al menos un instante solo siento
En tiempos tristes verme como alegre
En el camino del amar doloroso
parecer que no amo
Dejar de ser tan transparente
y así no me descifren al instante
En fin si no descubren como soy
será más fácil protegerme
de hieles ataviadas de mieles.


Francisca Avaria M.

LAS PALABRAS


"Las palabras son médicos de la enfermedad de la cólera"
Esquilo


Las palabras ruedan
ruedan y se cruzan
como sonámbulos en cólera,
sin medicamentos homeopáticos
o químicos


Las palabras cantan
en los versos del poeta
Caminan en la prosa en línea recta o curvilínea
Todas ellas son las estrellas del cosmos poético
y son cometas de los sueños
traducidos en un cuento

Las palabras sobran, el murmullo queda
y el silencio... desnuda el alma


Darío Valdebenito

martes, marzo 04, 2008

HOMENAJE A LA MUJER



Poema colectivo escrito por: Doris Iturrieta, Danilo Salinas Alcayaga, Vicente Sardes, Flor Díaz, Darío Valdebenito e Iván Tapia.

I
Eres estrellita hermosa
de mi jardín en flor
Inundas todo el campo
y el cabello de mi amor

II
Se han ido las voces de los poetas
embriagados por aroma de jazmín
Han quedado suspendidos
acompañando al viento
Sus voces se filtran por las ventanas alicaídas

Ya no gime el niño
que lloraba por su pan
pues respiró la esperanza perfumada
de sus cantos
con los ojos húmedos

Ellos desplegaron vuelos
hacia nuevos horizontes
en busca de la fragancia hecha palabra

III
Eres aroma perturbador
abrazas mi cuerpo
sin decir adiós
Yo limpio mis heridas
sujeto al yugo
de la soledad perdida
hasta encontrar la luz
del nacimiento
de la persona aludida

IV
Aroma dulce y fresco
que en el aire me acunas
soñando con la luna
de los campos en flor
y como ruiseñor
planeas por la mesa
derribando tristezas
con tu olor de colores
abres los corazones
para hacerlos sentir

V
Tú princesa de los jardines
y de los corazones perfumados
yaces elocuente
en vistoso traje de vidrio
pincelando el aire
con ebrio aroma de fragancias

Tus flores blancas
son estrellas permanentes
Con brazos delicados y amorosos
mezclas el éxtasis del amor.
Es tu mirada
la blancura de las almas
representando la inocencia
llana e inmaculada
y el ver de tus ojos
la misma alma de tu dulce cintura

VI
Explosión de estrellas albas
caricia del aroma de esta sala
fuente nocturnal de mis anhelos
rocío temprano de las horas quietas
verde racimo de la mesa hogareña
generosa vertiente de la vida
Eso eres tú mujer

jueves, enero 24, 2008

CANGREJO HUMANO

Poema colectivo inspirado en
imagen creada por Daniel Tapia.
Autores: Darío Valdebenito,
Vicente Sardes e Iván Tapia;
escrito el 30 de agosto de 2007.
I
El cráneo loco de ira
por su desalojo del cuerpo
de sus huesos y vértebras,
se sintió desposeído y huérfano
del mundo de los ausentes.
Una lujuria impredecible
entre los muertos del obituario del día
sin saber que los gusanos
eran los artesanos de las tenazas
para suplantar los huesos de las manos
de las calaveras enmohecidas por el tiempo,
y donde el conjuro sería siempre el mismo:
"Abra cadabra, tenazas de cabra,
el cráneo sesgado,
era malo, de fábrica"

II
Espolón en la cabeza
Muerte macabra y profunda
Cangrejo devorando
mi cuerpo y mi alma
El cuerpo devora
toda esperanza
Mi espíritu divaga
hasta encontrar
la paz eterna.

III
¿Dónde está la vida?
¿en ese cráneo violaceo,
casi desangrado
o en el hiperkinético cangrejo
que ha hecho de ella
su morada?

Las cuencas sanguinolentas
Los filudos dedos
que rascan la corteza
de esta ciudad metálica
No hay olfato
la cabeza brilla
esfera acerada
Punzante el ojo inexistente
La policía viene a buscarle

¿Por qué un cangrejo
me escogió como escena del crimen?
Se alimenta de mis redes neuronales
absorve el extraño habitante
mis sueños
y hace quijotadas en los bares
y otros nocturnos letrocinios

Quisiera padecer de la hipotiposis
cervantezca
y habitar todos estos mundos
sin necesidad de libar sangre
ni devorar crustáceos
ni moluscos marinos
aliñados con palabras venenosas.

martes, enero 15, 2008

AÍDA BURR GUAJARDO



Textos publicado en el Almanaque 18;

Farmo Química del Pacífico S.A.;

edición N°73, año 1992,

en la página 152,

firmado por JDL.



"El 7 de julio de 1991 falleció en Valparaíso, víctima de un trágico accidente del tránsito, la antigua educadora señorita Aída Burr Guajardo.
Era muy estimada por sus colegas y por quienes la conocieron . ejercía su apostolado con fe, humildad y modestia, cualidades que supo inculcar a sus alumnos. Gozaba de una merecida jubilación y descanso, mas, a los 80 años el destino tronchó su vida.
Era ella una entusiasta admiradora de nuestro Almanaque que divulgaba con gran entusiasmo, siendo a la vez una inspirada escritora y poetisa. Varios de sus poemas tuvieron cabida en nuestras páginas. Como un recuerdo, insertamos en esta edición su poema Anhelos, publicado en 1985.
La recordamos con sincero afecto, deseándole un eterno descanso en paz."


ANHELOS



Anhelo, ser flor de aroma delicado,
servir con mi néctar, deleitar las almas,
me dejaría coger por manos generosas
que adornasen el hogar, los altares.


Anhelo ser cisne, jugar con los niños,
hundiendo mi cabeza entre las ondas
comería las migajas que arrojasen a las aguas
y al emerger, riesen todos como en rondas.


Anhelo ser nube blanca, como la nieve,
trenzar un Haz de Amor desde la altura
para unir a los hombres de la Tierra
y lograr que, algún día, la Paz reine.


¡Qué se cumplan mis anhelos
de ser cisne, flor y nube
para acallar la inquietud
que me acompaña siempre!

EL PATO AZUL




Darío Valdebenito


Hoy colorée un Pato azul

porque nunca he visto un pato azul

¡Y que me importa que los demás patos

sean de otros colores!

si lo importante para mí es lo que yo

deseo ver, o tener.


Ver un Pato azul le da tranquilidad a mi

alma,

es ver clarear un nuevo amanecer

es el remanso del silencio en el eco

fenecido.


Mi Pato azul es tierno y cariñoso

callado y astuto como un espejo que nada

nos reprocha cuando nos miramos en él,

pero nos deja entrever nuestras debilidades

o temores.


El Pato azul mío también sabe de

gastos y de política, además le encanta el deporte.

Ama la naturaleza, la música y le gusta cantar,

pero canta, horrorosamente mal.


No le gusta ser figurín ni farándulero de la

televisión o de diarios y revistas,

menos salir inflando el pecho en un Silabario.

Siempre le ha gustado ser azul, como la inmensidad

del mar o el infinito cielo y por eso, por ser azul...

es que yo, tanto lo quiero.

domingo, junio 24, 2007

COSTURAS DE TU SILENCIO



Poema colectivo de Danilo Salinas Alcayaga, Ángel Bermejo Lluellas, Flor Díaz, Iván Tapia y Darío Valdebenito


I
Te siento, Valparaíso,
en el silencio de la noche,
esta noche fría y eterna,
donde tus rieles,
empinados a los cerros,
salpican ecos oxidados.
Tu noche que aplasta.
El canto agonizante
de las siluetas sin alma
que de ti escapan.
Sólo el vapor inquieto
de la mañana
que aparece en cada adoquín
de tus calles
llenas de recuerdos.
Te siento, Valparaíso,
en el silencio de la noche.

II
De noche contemplo Valparaíso
Cerros enjambre de luciérnagas
Recuerdo mi viaje a España
La escalada al Gorro Frigio
Tocando las estrellas
El negro abismo del valle
Donde evoqué este puerto
De calles estrechas y casas colgadas
Otra vez en la bahía
Vienen a la memoria
El esplendor de ambas geografías
Las cumbres y ciudades españolas

III
Son los mismos ojos
que en el silencio de la noche
te sienten Valparaíso
en el oscuro como agujas
Caen mis pies
en las profundidades de los abismos
de tus interminables escaleras

IV
Sentir la aguja
cosiendo los sentidos
en el silencio de una noche
infinita
En el abismo costura de silencios
Ser los mismos ojos
que ven pasar esas nubes
y quedar así tan olvidado
tan vacío tan silencioso
poeta colgado en el viento
Volver a fojas cero

V
En el silencio de la noche
yo te siento Valparaíso,
noctámbulo como siempre
con tu gorro quizás algo frígido
o adulterado con algún fármaco
afrodisíaco
sacado del abismo del mar
Pero tus ojos, abiertos en la noche
plateada,
son los mismos ojos que ven pasar
estas nubes,
que borran la conciencia de mi alma
cuando queda a fojas cero, aquel amor
perdido en las tinieblas de la soledad
y la desesperanza.

lunes, octubre 09, 2006

III LUGAR CATEGORÍA CUENTO


VI CONCURSO LITERARIO LA MANO




LA MAMÁ ERA MUY CARIÑOSA

Sergio Ramón Salgado Moya



La mamá era muy cariñosa con nosotros, mis cinco hermanos y yo. Conseguía nuestros alimentos y, de pequeños, nos había entregado su leche. Escogió un lugar muy acogedor para vivir. Era una casa de madera, muy grande, con un sótano y dos pisos superiores. Con ella, cuando ya éramos mayores, solíamos recorrerla en busca de comida.

El único problema era el humano, esa poderosa especie que no nos admitía en sus dominios. Cuando nos descuidábamos, quedaba en peligro nuestra vida. Teníamos que andar agazapados entre los tabiques para evitar que nos vieran. Con la mamá, hacíamos perforaciones en las tablas a fin de observar el lugar. La noche era la mas apropiada para salir a recorrer porque el enemigo dormía.

En cierta ocasión, por descuido, pasé por encima de la cabeza de alguien en su cama. Fue uno de los mayores sustos de mi vida porque el hombre despertó e intentó atraparme, pero pude escabullirme velozmente. La mamá me reprendió, y me advirtió que, seguramente, a la próxima, no lograría escaparme. Yo actué de esa manera por seguir el ejemplo de un hermano de la mamá que en varias oportunidades escapó equilibrándose sobre los cables para tender ropa que había en la cocina.

Hubo un tiempo en que todo era más fácil. La casa estaba al cuidado de un vigilante despreocupado de sus alimentos y desperdicios. Era sólo cuestión de ingresar cuando él no estaba en el lugar, y uno encontraba de todo para comer, ya sea encima de la mesa, en el suelo o dentro del basurero. Nos contaba la mamá que, por esos días, todo estaba siempre lleno de comensales, ya fueran familiares nuestros o de otras familias. Pero, la casa fue vendida a otro dueño que tenía sus reglamentos especiales para alejar nuestra presencia. Instaló a una persona de su entera confianza con instrucciones precisas acerca del manejo de los alimentos y de la basura. Esta debía quedar en un tarro cubierto, o si no, colgada fuera de la casa, lo más alto posible para luego verterla en un basural, dentro de la parcela, a fin de utilizarla después para abonar la tierra, lo que considerábamos favorable a nuestros intereses porque a altas horas de la noche podíamos registrar, con precaución, para no ser presa de la docena de gatos que hizo traer el nuevo dueño. Cada noche, estimulados por el hambre, morían entre diez y veinte de los nuestros en las fauces de esos guardianes implacables.

Todo permanecía en extremo aseado: la mesa, el piso, los muros. Ni la vajilla, ni el cubierto podían quedar sin lavar después de usados, a menos que estuvieran sumergidos en agua, no más de un tiempo prudente.

A partir de esa época, todo se hizo más difícil. De que pasábamos hambre, así era, y mucha. La mamá se esforzaba en extremo para obtener comida. En cierta ocasión, subió a un mueble donde el hombre mantenía el pan. Estaba herméticamente cerrado, y ella pudo abrirlo horadando la puerta con los dientes. Comió ella y consiguió para nosotros. Nunca debió hacerlo. El vigilante puso veneno en el sector y dos de mis hermanos murieron, pese a la advertencia de la mamá.

En esos días vivíamos bajo ese mueble sin patas y, prácticamente, a ras del suelo. Por la noche, recogíamos unos papeles que él acumulaba para encender la cocina a leña. Contenían restos de aceite o grasa que nos servían para matar el hambre.

Cuando comprobó que vivíamos allí y que le robábamos esos papeles, el hombre recurrió a una trampa para ratas al ver que el veneno no surtía su efecto. Ese fue el principio del fin de la mamá. Aquel día, luego de almorzar, él instaló el artefacto, provisto de una carga de pan, y se fue a tender para dormir la siesta. Ella no resistió la tentación y cayó herida de muerte. Al oír el ruido, el vigilante acudió presto y la encontró sangrante, pero todavía con vida. Con una escoba la empujó hacia el cuarto donde comían los gatos. Al ver ella que allí terminaba todo, intentó volver a nuestra guarida; pero el vigilante, la lanzó de una patada a las garras de los depredadores, y cerró la puerta. Nunca más la volvimos a ver.

Aquello, para nosotros, fue terrible. Los cuatro que quedábamos, permanecimos unos días más allí. Ese alimento no era suficiente para mantenernos con vida y menos a conseguir el completo desarrollo de nuestros cuerpos, lo que nos obligó a emigrar. Dos de mis hermanos, en el extremo de su hambre, consumieron las bolsas de veneno con la esperanza que no provocara en ellos el letal efecto. Eso no ocurrió, por supuesto. Mi hermano y yo, optamos por escaparnos a través de un cable eléctrico conectado afuera a un motor que impulsaba el agua hacia la casa. Yo había visto a la mamá hacer eso cuando salía a buscar algún bocado, y tuvimos éxito. Iniciamos así otra vida en medio de un espeso conjunto de zarzamora cercano al basural. Aquí hemos criado nuestra propia familia, todo con la mayor cautela para no caer en las garras de algún gato que se nos cruce en el camino. Es decir, estamos vivos para contar el cuento.


Sergio Ramón Salgado Moya, pensionado, vive en Avenida Playa Ancha 881 b, Departamento 14, Playa Ancha, Valparaíso, Chile; teléfono 2491657.

II LUGAR CATEGORÍA CUENTO


VI CONCURSO LITERARIO LA MANO


EL NEGRO


Hernán Carrasco Gómez


Hace más de diez años desde que "el Negro" se arranchara en los terrenos de aquel señor que un día le habló, le palmoteó el pescuezo y dio de comer un par de panes. Se fue quedando dentro de la propiedad, generalmente durante el día, entregado a la vista de los pasantes un símbolo de seguridad y respeto por su imponente figura, que algo tenía de "policial". Como buen perro callejero, siempre tuvo libertad de movimientos y, los propietarios del condominio, entendiendo que les era útil, la mayoría aportaba a su alimentación diaria, devorando ansioso los variados menús sobrantes. Generalmente se instalaba a la entrada en estratégico lugar, dominando los movimientos de los moradores a quienes rápidamente comenzó a ubicar astutamente de acuerdo a sus atenciones para con él, todo muy parecido a muchos de nosotros los humanos racionales, como nos hemos autodenominado. Si algún transeúnte pasaba lento en su caminar o se detenía más de lo necesario hacía notar su presencia con fuerte ladrido intimidatorio, eso bastaba, mucho más eficaz que un portero parlanchín a quienes, generalmente, se les escapan valiosas informaciones sobre los moradores. Su permanencia nocturna en el lugar, siempre fue una incógnita, a pesar de que algunos decían verlo a todas horas de la noche, siempre echado, como fue su costumbre; otros comentaban verlo llegar temprano, desde diferentes direcciones, vaya a saber uno si él llevaba el control de quienes faltaban por llegar y luego se retiraba a sus "andanzas", satisfecho del deber cumplido, sin más contrato que la seguridad de su necesaria alimentación.

Los vecinos le construyeron una vivienda bien presentada, la que sólo ocupaba para los días de lluvias o mucho frío, prefiriendo pertenecer a los "sin casa", pobre pero libre de ataduras o compromisos que lo limitaran en su permanente búsqueda de nuevos horizontes y más allá de ello también.

"El Negro" no fue "camorrero", ni asiduo a integrar comparsa tras fratricida lucha por un cupo de procreador, ordenado por la sabia naturaleza animal. Al respecto, más de una vez lo vi disfrutar a solas con su pareja, sin competidor alguno, de una conquista con resultado matrimonial, dentro del amplio terreno que conformaban sus dominios, al que pocos se aventuraban a merodear. Con su mirada torva fue de pocos amigos y nunca supo de caricias de amo, ni recoger piedras u objetos lanzados al aire, retraído hasta aparecer indiferente a los momentos de sociabilidad con los humanos.

Los rudos años hicieron mella en su estructura ósea, mostrando cada día mayor dificultad para ponerse en movimiento. Imposible para él realizar las clásicas elongaciones reactivadoras de la musculatura, así lo percibíamos los vecinos, alentándolo a moverse, a recorrer sus amplios dominios, cada vez más vulnerables por sus congéneres. Sólo se entusiasmaba de manera eficaz si percibía que la persona saliente del condominio tomaba dirección a la Panadería del sector, lo que para él significaba, en la mayoría de los casos, un bocado extra, la mayor delicia de sus alimentos.

Para "el Negro" los días corrían muy de prisa y sin brillo alguno, permaneciendo días enteros echado cerca de la puerta de entrada en lugares húmedos, siempre amodorrado, como que resignado al término de su vida útil, cada vez menos entusiasmado, incluso para comer, pues se había convertido en regodeón y parsimonioso.

Una noche, casi a la medianoche, fuimos sorprendidos por fuertes gritos humanos, verdaderos alaridos, provenientes desde la reja de entrada al condominio. Sólo dos vecinos acudimos a cerciorarnos de tan inusual acontecimiento. El morador afectado contó que, al momento de abrir la puerta de la reja, un sujeto que transitaba en sentido contrario se acercó a él de mala forma, con evidentes muestras de querer atacarlo, aprovechándose de sus atareadas manipulaciones a la chapa por falta de iluminación. De pronto, con las intimidaciones del malhechor y bruscos movimientos del afectado tratando de defenderse, despertaron al "Negro" quien dormía en el exterior, junto al receptor de basura. Todo confuso y comprometido con el vecino atacado cuando, milagrosamente, siente los gritos del asaltante al ser mordido fieramente en un tobillo, negándose a soltarlo, derrumbando al ladrón, quien se retuerce de dolor. Rápidamente llamamos la Patrulla del Cuadrante y, en tres largos minutos llegan al lugar, logrando con esfuerzo separar al "Negro" de su presa. Ahí constataron que, en su postrer esfuerzo, había muerto con sus dientes muy apretados, quizás en la única acción de su vida en que debió aplicar racionalmente la violencia, contra la irracional violencia humana. Podríamos decir que este noble animal murió en acto de servicio, cumpliendo con el deber que sólo él se había impuesto. Así de nobles son la mayoría, cuando el hombre les permite vivir con buen tratamiento...


Hernán Carrasco Gómez, Constructor Civil (UTE), vive en Avenida Segunda N°0351, Quilpué, Chile y su teléfono es 2722446.

I LUGAR CATEGORÍA CUENTO


VI CONCURSO LITERARIO LA MANO



TE RECUERDO

Isabel E. Alvarado Salinas

No era muy difícil contar sus costillas y algunos pelos que le quedaban en su esquelético cuerpo y no podía ser de otra manera si eran varios días que no comía, ni siquiera un pedazo de pan duro. Con sus ojitos de mirada triste pero a la vez atentos a cualquier cosa que fuera a significar algo de comer camina y camina de un lado a otro sin rumbo fijo a la espera del tan ansiado alimento, su estómago vacío le van quitando las fuerzas pero mientras camina toma fuerzas porque tiene una gran responsabilidad; sus hermanitos le esperan. ¡Cómo estarán! Deben tener tanta hambre y frío como yo... y le viene a su memoria el triste recuerdo de su madre, sus ojitos se llenan de lágrimas al recordar esos momentos de unión y de alegría, cuando compartían los juegos y mamá buscaba alimento que devorábamos rápidamente. Pero un día ella no regresó, y se hizo la noche, nos juntamos, tiritábamos de miedo. ¡Mamita, dónde estás! Decían mis hermanitos. Al amanecer salgo en su busca, miraba porque la presentía muy cerca, hasta que diviso a lo lejos, me acerco corriendo y angustiado le pregunto: mamita... ¡te quedaste dormida! ¡mamita... esto no está bien!... su cuerpecito delgado, helado, inmóvil, me dicen que ya no estará más con nosotros. Después de unos días supe que un automóvil la embistió mientras iba atravesando la calle, muriendo en forma instantánea.

¡Toma... toma! ¡oh! ¡gracias! Pobrecito...! mira como está mientras comía escuchaba a la buena señora hablar con gran tristeza de mí. Sacié gran parte de mi hambre, una vez comido muy tímidamente sin que se notara mi presencia me enrollé bien enrollado en un rinconcito me acuesto y me quedé dormido. ¡Hey psss!... toma, me despierto y de un salto me paro y devoro todo rápidamente el rico guiso. Me saboreo, me estiro bien con mi guatita llena pienso en el día hermoso que se presentaba con un lindo sol, bostezo y de pronto me paralizo ¡Oh! ¡Dios! ¡mis hermanos! y sin pensarlo dos veces corro tanto como pueda de rápido, afortunadamente tengo bien desarrollado mi olfato así que no me será tan difícil encontrarlos. Madre siempre me decía que mi papá era de clase alta con estilo. Mi papá era don Doberman, un guardián muy respetado, pero sus dueños nunca aceptaron que yo era su hijo simplemente porque mi madre era de otra clase. Encontré a sólo dos de mis hermanitos, averigüé que algunas personas de buen corazón los estaban cuidando.
No me costó llegar a la casa de la buena señora para quedarnos ahí... Cuando la vi la saludé con mi cola con gran alegría al vernos exclamó... ¡pero y ahora son tres! Hubo un tremendo alboroto porque sus vecinos nos querían echar, pero ella nos defendió hasta que tomó la decisión de llevarnos al médico. Una vez que nos mejoramos de todos los males que teníamos construyeron una casa grande y linda para los tres. Ahora mientras medio duermo miro a mis hermanos y los veo tranquilos, gorditos y doy gracias a mi mamita que está en el cielo porque ya no andamos más en la calle buscando comida, porque ahora tenemos un lindo hogar.
Este cuento está dedicado a todos los animales que son abandonados y maltratados.

Isabel E. Alvarado Salinas pertenece a la Corporación Flora y Fauna Oyiñleo y su domicilio es Block 14, Departamento 21, III Sector, Playa Ancha, Valparaíso, Chile; teléfono 2346338.

sábado, octubre 07, 2006

MENCIÓN HONROSA CATEGORÍA POESÍA


VI CONCURSO LITERARIO LA MANO

EN LA BELLEZA ESCENICA DEL BOSQUE



Luis Bustamante Guarachi


¿Qué te valió llevar al cautiverio
a ese pajarillo que volaba libremente
en la belleza escénica del bosque,
trinando notas que te llevaban
a una quimérica secuencia
de sueños encantados?

¡Dictaba tu vanidad,
tus manos obedecían!
y el ave de plumaje celestial
tan liviano como el aire,
que ondulaba murmullos en el viento,
y vagaba sobre arroyos y montañas
ahora tiembla triste y solitario
encerrado en una celda

Hasta ayer, el único tesoro de su vida
era llevar a tu alma
un himno de alegría
¿De que le sirve hoy la riqueza
de su alcázar,
si el hábitat en que cantaba
a la intemperie
entre plantas, parques,
lagos, ríos y torrentes
están lejos y ya no le sonríen?

Tal vez, en el futuro, en un panteón
que el tiempo olvidará
se han de mezclar
el corazón del ave que cantaba,
con el tuyo que una tarde
le cortó su libertad.


Luis Bustamante Guarachi nació en Lautaro, Región de la Araucanía, Chile, pertenece al Centro de Arte y Cultura Alternativa de Villa Alemana, ha publicado "Quiero escuchar la risa de tu alma" y "Jirones de parche verde".

jueves, octubre 05, 2006

TERCER LUGAR COMPARTIDO CATEGORÍA POESÍA





VI CONCURSO LITERARIO LA MANO


SENTIMIENTO ANIMAL


Ángel Bermejo Lluellas

Tres jóvenes pueblerinos
Un domingo de sol radiante
A un escarpado monte fueron
Por entre rocas y matorrales.

Trepando serpenteante sendero
Observaron el horizonte
Lejanas montañas y valles
Parcelas y casas al pie del monte.

Escucharon extraño sonido
Bajo los acantilados
Detrás del álamo seco
Un plomizo rapaz alado.

Reptaba a ras del suelo
Caído de un alto nido
Cogieron al abandonado
Entre picotazos y gutural chillido.

Lo llevaron al pueblo
Con expeditos cuidados
Y durante largo tiempo
Cuidáronle esmerados.

Alimentada con carne
Creció la indefensa ave
Logrando después de meses
Ser adulto de pluma suave.

Los jóvenes comprensivos
Le devolvieron al cerro
Para que volara libre
Y encontrara su ancestro.

Lanzáronle sobre el abismo
Y el cóndor con especial estilo
Inició majestuoso vuelo
Admirando a los pueblerinos.

Mas luego se sorprendieron
Cuando el ave efectuó un giro
Volviendo hacia sus libertadores
Que lo cogieron en vilo.

Volviéronlo a lanzar
Repetidas veces hacia el cielo
Pero el porfiado rapaz
Insistió en su empeño.

Llegaron de regreso al pueblo
Con su pesada carga
Tiempo después subieron
Por el mismísimo cerro.

Pasaron sobre el despeñadero
Cuatro cóndores en bandada
En ese momento se les unió
El congénere camarada.

Vivió en forma integral
El llamado de la Naturaleza
Llegando a ser como el que más
Adulto macho con destreza.

Ha pasado cierto tiempo
Y nuestra ave con alas desplegadas
Escudriña valles y cerros
Planea en las hondonadas.

Llamó la atención al rapazuelo
Ver al grupo de mineros trabajando
Sobre explanada de un pique
Cuyo material extraído iban faenando.

Recordando quienes le criaron
Bajó solitario a la mina
Avanzó amistoso hacia los pirquineros
Que sorprendidos admiraron sus plumas finas.

Confiado se detuvo junto a los varones
Algunos se apartaron con recelo
Más, barreta en mano, un despiadado
Por detrás le propinó golpe certero.

Rodearon al ave muerta los hombres
Quitáronle las plumas con fuerte forcejeo
Riendo a todos la exhibían
Como el más valioso trofeo.

Sólo a un animal tan pensante
Puede ocurrir tamaña proeza
Que cuando joven salve al vigilante
Y en la adultez pierda toda nobleza.


Ángel Bermejo Lluellas nació en 1935, es pensionado. Su dirección es Copérnico 230, Cerro Barón, Valparaíso, Chile. Su teléfono es 2494458.

TERCER LUGAR COMPARTIDO CATEGORÍA POESÍA


VI CONCURSO LITERARIO LA MANO 2006


RAÍZ


Marina Tapia Pérez







Compran toros turistas
para casas triviales
impresos en postales
modelados con barro.
Desbravíos eslavos
paseando su vacío
su silencio altanero
estatus de hombre manso
bien provisto de visas.

Trofeo del retorno
de la nueva conquista.
Virilidad avalada por sangre sobre el lomo
del animal atado a absurdas tradiciones.

Liberaría toros al alba de su viaje
descifraría el bramido doliente de su sangre.

Irrumpan mil manadas
en la noche del hombre.
Remezcan
la raíz
de sus motivos.




Marina Tapia Pérez tiene 31 años, es artista plástica y poeta. Su dirección es San Raimundo 75a., N° 28039, Madrid, España. Su telefono es 678027726. Su correo electrónico es tapìaperez2000@yahoo.es